La eternidad nos espera

“Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis”
“Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz eterna”.

La cartela que sujetan estos dos ángeles recoge el “introito” de la Misa de difuntos, que tiene su origen en el siglo X, y que se convirtió en el símbolo de toda oración por los difuntos, gracias también a las grandes obras maestras de la música que forman parte de la liturgia de oración por los difuntos en nuestra cultura.

En la Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria ofrecemos a la feligresía y a todos aquellos fieles cristianos que lo deseen, vengan de donde vengan, un lugar único en que depositar las cenizas de los familiares queridos difuntos para que descansen en paz en la espera de la resurrección.

También ofrecemos a la familia un lugar donde poder rezar por ellos y visitarles.
La capilla cineraria forma parte del presbiterio del templo parroquial, ocupando la tribuna, un lugar privilegiado y al mismo tiempo absolutamente innovador: desde el mismo templo se ven las vidrieras de la sala cineraria y, de este modo, la oración por nuestros seres difuntos tendrá en la eucaristía su centro.
Los columbarios abrazan el altar mayor del templo parroquial, donde diariamente se celebra la eucaristía, el sacramento que nos da el alimento para la vida eterna: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,51).